Más de 200 mujeres han sido asesinadas este año en Venezuela, en medio de una ola feminicida que no se ha detenido y que es la expresión máxima, pero no la única, dentro de las mil formas de violencia de género que están presentes en la nación caribeña.

Otrora llamado «el país de las mujeres», Venezuela hoy victimiza, y en muchos casos revictimiza, a miles de sus ciudadanas bajo un sistema que, paradójicamente, contiene legislación avanzada para protegerlas pero carece de voluntad política y rebosa de impunidad.

UNA MENOS CADA 33 HORAS

Durante 2020, los feminicidios se dispararon en Venezuela conforme se ordenaba el confinamiento de sus casi 15 millones de mujeres. En los primeros 10 meses del año, mientras el mundo contaba muertes por la pandemia, el país petrolero perdió a 217 habitantes por violencia de género.

 

 

Así lo ha registrado el portal Utopix, una organización que encendió las alarmas en 2019, cuando empezó a medir estos casos en vista del silencio oficial, pues el Ejecutivo venezolano no publica desde hace años estos indicadores ni casi ningún otro que esté relacionado con la criminalidad.

Entonces, con el país en cuarentena parcial, han aumentado en un 120 % los feminicidios respecto al mismo período del año anterior, un incremento tan estruendoso que ha sido reconocido por la Justicia venezolana, aunque con un número menor de procesados y condenados.

«En este contexto de crisis general, la población de mujeres se está haciendo cada vez más vulnerable por la crisis misma», explica a Efe la psicóloga Magdymar León, coordinadora de Avesa, una organización que lleva 37 años defendiendo los derechos de las mujeres en el país.

Llegados a este punto, advierte, urge una revisión de las políticas públicas, para que incluyan una perspectiva de género, y de la sociedad en general, para determinar «por qué los hombres están matando a sus compañeras» o qué les hace pensar que tienen «derecho» a hacerlo.

¿CUÁL FEMINISMO?

Todo esto ha ocurrido bajo un Gobierno que, de modo incesante, se define a sí mismo como feminista y vitorea a las mujeres por su contribución en la llamada revolución bolivariana.

 

«Denme más barrigonas (embarazadas)», ha dicho en varias oportunidades el mandatario venezolano, Nicolás Maduro. Con 96 % de pobreza y la tasa de embarazo adolescente más alta de Suramérica el presidente, que se dice feminista, ordena que haya más y más gestaciones.

Ante ello, Avesa ha denunciado que la política pública venezolana no está centrada en las mujeres sino en las madres, lo que envía un mensaje a las ciudadanas de que serán «protegidas» siempre que se reproduzcan.

Así, la libertad para decidir no es promocionada en un país que tiene una ley de protección de la mujer desde 2007 -aunque el Ejecutivo no ha aprobado el reglamento para hacerla cumplir completamente- y que sigue penalizando el aborto incluso en casos de violación sexual, incesto o malformaciones congénitas.

Mientras tanto, Maduro sigue pregonando su amor a las mujeres, especialmente a su esposa, Cilia Flores, a quien recientemente describió como su «única propiedad». Es «de lo único que soy dueño», afirmó, entre risas, en una alocución que fue transmitida por la televisión estatal y duramente criticada por afines y opositores en redes sociales.

Puedes leer la nota original aquí: 800Noticias

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