En un laberinto económico da pasos el régimen del Nicolás Maduro que ahora apela al petro para imponer un sistema bancario comunal donde se permute la criptomoneda por bolívares.

Esto es parte de su plan para crear una “nueva arquitectura financiera del poder popular” con la que aspira y promete superar la crisis.

Para comenzar, Maduro aprobó 26.283 Petros que serán manejados a través de 1000 Bancos de las Comunas, así lo divulgó a través de Twitter donde asegura que la “ayuda del pueblo” será vital.

Esta jugada anunciada como una salvación no es más que otra “distorsión”, asegura el doctor en economía e individuo de número de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales del Zulia, Alberto Castellano, en entrevista con PanAm Post.

Aunque «la medida abre la posibilidad de canjear los petros en bolívares, esta no es una moneda de uso corriente para el intercambio de bienes y servicios.  Por lo tanto, lo que van a circular son bolívares electrónicos que van a generar mayores presiones en el proceso hiperinflacionario que vive Venezuela».

Esa es la verdad pero no es la única. Además, existe el problema de que ya hay un sistema bancario público que funciona para la generación de créditos y sirve de intermediario financiero que deberá ahora trabajar con un sistema bancario comunal paralelo.

¿Estarán conectadas ambas bancas? “Toca esperar los reglamentos y las coordinaciones” asegura el experto en macroeconomía y desarrollo en contacto cono PanAm Post.

Una lápida al bolívar

Enterrar al bolívar en efectivo y dejarlo sobrevivir en cuentas de forma electrónica es el destino del signo monetario oficial que en simultáneo enfrenta el impacto de una dolarización espontánea en el país.

Esa es la proyección de Alberto Castellano quien subraya que detrás de esta disposición está “el reconocimiento de que el bolívar falleció, es colocarle una lápida en términos de unidad monetaria por un lado y por el otro que se siguen utilizando los bolívares de cuenta”.

Pero la marginación del bolívar con la implementación del Petro complica el escenario. Las consecuencias están a la vista. “Tener que convertir los Petro es bolívares significa que va a entrar en el torrente monetario una gran cantidad de ellos presionando la compra de bienes, servicios y de dólares generando mayor inflación e incrementos exacerbados del tipo de cambio”.

En esa dinámica «el bolívar desaparece porque no tiene  sentido sino sólo para atacar costos y gastos de corto plazo” opina Aarón Olmos, CEO de Olmos Group Venezuela, en entrevista con PanAm Post especialista que considera necesario atender “la ausencia de política monetaria para corregir la pérdida de valor y la falta de moneda interna”.

De lo contrario, “el país seguirá en el círculo vicioso que lo ha llevado a la destrucción de poder de compra y la tragedia que está viviendo el venezolano” destaca Castellano.

La espiral del asunto

Las vueltas en el círculo vicioso que describe Castellano parecen interminables tomando en cuenta que “el Petro no es una moneda de circulación, no cumple funciones de dinero como medio de pago o como unidad de cuenta o reserva de valor sino sólo se convertirá en bolívares”, es decir, “se va a manejar una moneda que es el Petro, que no es ni siquiera una criptomoneda realmente sino un criptoactivo porque las criptomonedas normalmente no necesitan o no tienen un respaldo institucional porque son de oferta y demanda libre mientras que el Petro se sostiene en el Estado”.

En concreto, “el mismo hecho del Petro es una dificultad sobre otra dificultad porque para empezar debería respaldarse en un número de transacciones pero no tiene ese aval como consecuencia de la depresión profunda de la economía que pasó de rondar los 300 mil millones de dólares a 50.000 millones de dólares”.

Desde el momento de su creación hace tres años a la fecha la última cotización es de más de 100 millones de bolívares por unidad de petro pero quien tenga uno se enfrenta al cambio de dos mercados, donde el secundario lo cotiza por debajo del 60% de su valor real.  “Siempre hay una merma, una pérdida” apunta Aarón Olmos, CEO de Olmos Group Venezuela.

Saltos al vacío 

Maduro no lo acepta. Maduro “busca a toda costa introducir el petro en la economía venezolana, sancionada y en default, en la que más del 60% de las transacciones se hacen en dólares —y aún así a 90% de los venezolanos no le alcanzan los ingresos para comprar la comida—, y en la que el raquítico bolívar ha quedado relegado a unas poquísimas transacciones como pagar un viaje en autobús” divulga El País.

Tener el control es la prioridad porque el petro no es una criptomoneda sino un “un token digital, una ficha centralizada, politizada, direccionada y multipropósito” y el régimen decide “si lo usas como un beneficio social o para apostar en un casino. No se mina, tampoco es de uso voluntario sino obligatorio, la única manera que han encontrado para darle usabilidad. Es discrecional” apunta el diario español.

Así las decisiones se vuelven “saltos” que no resuelve la actual problemática política y social de Venezuela analiza Castellano.

Alternativas en la mesa 

Una de las opciones para cambiar el panorama que tiene a “complejizarse”  es la reconversión indica el analista, sin embargo, implicaría “un nuevo sistema financiero de forma obligada pero no con criptoactivo que no tiene convertibilidad fuera del país”.

También sería factible una reforma monetaria para replantear la política económica y fiscal sin seguir produciendo recursos sin respaldo.

Si ninguna de las alternativas cala en la cúpula madurista les tocará gestionar la estabilización con el Fondo Monetario, la Corporación Andina de Fomento o el Banco Interamericano de Desarrollo.

Las tres instancias no son terreno fértil para el régimen todavía bajo las sanciones de Estados Unidos. Ello justifica que Maduro agregara nuevos usos obligatorios para el petro como el pago de la gasolina que compren aerolíneas internacionales en el país, las tasas por trámites como los permisos de las navieras extranjeras para usar los puertos y hasta el pago a Cuba en petros por los servicios que sus delegaciones prestan en el país revela El País.

Desarmar las estructuras 

Con la banca comunal esos usos se incrementarían pero al mismo tiempo se “contrapone” con las estructuras financieras tradicionales para imponer un “nuevo sistema político territorial” revela Castellano.

Ese es el trasfondo no tan hondo del reciente anuncio que enmarcado en la promesa de aliviar la economía reconduce recursos a la población con la excusa de que se trata de impulsar el poder comunal.

Es seguir la línea de “Comuna o Nada” que vociferaba Hugo Chávez ante “la necesidad de configurar una nueva geometría del poder que se convierta en el reordenamiento popular, comunal y socialista de la geopolítica de la nación» según Rebelión.

El objetivo en 2006 era organizar al  70 % de la población en Consejos Comunales y llegar a las 3000 Comunas. Una década después no alcanzaron la mitad y sólo registraron 1448 Comunas. Desde entonces “no son ni la centésima parte del territorio nacional. Estas cifras, bien duras por cierto, nos llevan a plantearnos la necesidad de revisar autocríticamente lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer en torno al desarrollo del Estado Comunal” reflexiona el portal.

Todo ello porque la revolución bolivariana ha ensayado desde sus inicios diversos planteamientos en torno a cómo construir el socialismo, partiendo desde abajo, en una ofensiva que contemple lo económico. Los Círculos Bolivarianos no trascendieron a este plano, luego experimentaron con los núcleos de desarrollo endógeno, los fundos zamoranos, las cooperativas y ahora la banca.

«Una banca que se implementa y privilegia  cuando “a banca tradicional no tiene posibilidad de intermediar fondos, ni efectivo para invertir y activar el aparato productivo” sostiene Olmos quien recuerda que esta es el segundo intento por implantarla.

PanamPost

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